
Diferentes ideas de pasta con salsa Mutti
Diferentes platos de pasta con salsa Mutti
Hay días en los que quieres una pasta rápida, otros en los que te apetece encender el horno y hacer algo “de casa”, y otros en los que buscas una receta con carácter, de esas que parecen de restaurante sin complicarte la vida. La buena noticia es que, si partes de una buena salsa de tomate, la pasta cambia por completo.
En este blog no te voy a contar la historia de Mutti (esa ya la tienes en tu otro post). Aquí vamos a lo práctico: cómo sacar partido a la salsa Mutti para preparar diferentes platos de pasta, con sabores y texturas distintas, usando formatos como passata, polpa o pelati según el resultado que quieras.

La clave: la textura manda (y por eso no todas las “salsas de tomate” se usan igual)
Antes de entrar en recetas, un truco de cocina italiana que te ahorra fallos: elige el tomate por la textura.
Si quieres una salsa fina, uniforme y brillante, la passata es perfecta. Es esa base que se integra con la pasta y queda elegante con muy pocos ingredientes.
Si en cambio te apetece una salsa más rústica, con trocitos, la polpa te da ese punto casero que hace que el plato parezca “hecho con tiempo”, aunque sea rápido.
Y si te gusta controlar el resultado con las manos chafar, ajustar, decidir si lo quieres más grueso o más fino, los pelati son el formato más versátil, sobre todo en salsas que van a cocinarse un rato.
Con esto en mente, vamos a cocinar.
Cuando quieres lo clásico: pomodoro que sabe a casa
Hay un motivo por el que el spaghetti al pomodoro es un icono: no depende de mil ingredientes, depende de hacerlo bien. Aquí la salsa Mutti funciona como base limpia, y tú solo tienes que “perfumarla”.
Empieza con aceite de oliva y ajo (sin quemarlo), añade passata Mutti, sal y albahaca. Diez minutos a fuego suave y ya tienes esa salsa roja, simple y reconfortante. Si quieres el toque final italiano, apaga el fuego y añade un chorrito de aceite y un poco de parmesano. Te queda una pasta que no necesita más… porque ya lo tiene todo.

Cuando quieres un plato con carácter: arrabbiata y puttanesca (sin complicarte)
Si te apetece algo más intenso, la magia está en lo que acompaña al tomate.
La arrabbiata es perfecta para días de prisa: ajo, guindilla, passata (o polpa si te gusta más rústica) y listo. El tomate abraza el picante y queda una salsa con personalidad, de las que piden pan para mojar.
Y si eres de sabores mediterráneos, la puttanesca (aceitunas, alcaparras, anchoa) funciona increíble con tomate. Aquí puedes usar polpa o pelati chafados: el tomate equilibra la salinidad y hace que todo quede redondo. Es una pasta “seria” sin ser difícil.
Cuando quieres “comfort” de verdad: albóndigas o ragú rápido con sabor profundo
Para los días de hambre real, una salsa con cuerpo es lo que apetece. Y aquí Mutti te lo pone fácil sin que tengas que cocinar durante horas.
Si haces albóndigas, dora primero la carne y después deja que terminen de cocinar en passata Mutti a fuego suave. La salsa se impregna y queda con ese sabor “de guiso” que reconforta.
Y si quieres un ragú rápido, usa polpa Mutti y, si tienes, una cucharadita de concentrado para dar profundidad. Con un buen sofrito y 20–25 minutos, consigues una salsa que parece de domingo, aunque sea entre semana.

Cuando quieres lucirte: pasta al horno y lasaña con salsa Mutti
Hay platos que solo con verlos ya apetecen. La pasta al forno es uno de ellos: gratinado, mozzarella, bordes crujientes… y el tomate sosteniendo todo.
Aquí suele funcionar muy bien una salsa con más textura: polpa Mutti, o incluso una mezcla 70% passata + 30% polpa si quieres equilibrio entre cremosidad y trocito. Mezclas pasta al dente, salsa, mozzarella, parmesano… y horno hasta que burbujee. Es de esos platos que huelen a casa antes de llegar a la mesa.
En lasaña, si buscas un acabado más “limpio” y uniforme, la passata te ayuda a que la salsa se integre con la bechamel y las capas queden perfectas. Aquí el tomate no debe competir: debe sostener.

Qué pasta elegir para cada salsa (truco rápido que lo cambia todo)
Un detalle que marca diferencia: la forma de la pasta.
-
Si la salsa es fina (passata), los spaghetti o linguine van genial porque la salsa los recubre.
-
Si la salsa tiene trocito (polpa/pelati), mejor rigatoni, penne, paccheri: atrapan la salsa dentro.
-
Para horno, elige pasta que aguante: rigatoni, mezze maniche, tortiglioni.
No es capricho: es la manera italiana de hacer que cada bocado tenga salsa.
Una salsa, mil platos (y cada uno con su personalidad)
Lo bonito del tomate es que es humilde, pero cambia todo. Con salsa Mutti puedes hacer desde un pomodoro de 10 minutos hasta una pasta al horno para compartir. Solo necesitas saber qué textura quieres, elegir el formato adecuado y cocinar con calma (aunque sea poca).
